El trabajo en equipo rinde frutos en la Escuela Arturo Pérez Canto de María Elena

¯Los estudiantes aprenden motivados:

El trabajo en equipo rinde frutos en la Escuela Arturo Pérez Canto de María Elena

“Hay que atreverse a volver a sentir que la vocación de ser docente no está en el lugar donde te tocó trabajar sino que está en ti y en tu capacidad de innovar desde dentro de la sala de clases”, asegura el director del establecimiento, Nelson Madrid.

A 260 kilómetros de Antofagasta, en plena pampa, se encuentra la comuna de María Elena, un apartado pero bello lugar de nuestro país que está intrínsecamente asociado a la historia del salitre y a la memoria del modo de vida del pampino y del minero. Y aunque el número de sus habitantes haya disminuido a casi la mitad durante los últimos 25 años – de 13 mil a 6 mil- entre sus áridas y polvorientas calles permanece, más viva que nunca, la histórica escuela Arturo Pérez Canto.

“Sin vocación es imposible venir a trabajar a esta escuela”, asegura convencido el actual director del establecimiento, Nelson Madrid, quien hace 4 años se trasladó desde Talca a vivir a María Elena, luego de ganar el concurso público para dirigir el establecimiento. “Fue una gran alegría cuando supe que iba a poder enfrentar un nuevo desafío pedagógico y profesional en una zona que no era mi territorio”, dice hoy a sus 54 años, pese a la nostalgia que le produce haber dejado a su familia y amistades. “Hay que atreverse a volver a sentir que la vocación de ser docente no está en el lugar donde te tocó trabajar sino que está en ti y en tu capacidad de innovar desde dentro de la sala de clases”, dice hoy día desde su oficina en plena pampa.

La Escuela Arturo Pérez Canto tiene casi 700 alumnos y 45 profesores. Es la única escuela en María Elena. La ciudad más cercana a este lugar es Tocopilla, 60 kilómetros hacia la costa, seguida de Calama, a 100 kilómetros. “Ha sido un proceso difícil pero enriquecedor”, dice Nelson Madrid, quien se apresura en explicar que la única manera de sobre llevar las dificultades de trasladarse a vivir a esta zona ha sido trabajar por el sueño de dejar una huella instalada en la escuela.

“Sueño con dejar procesos académicos consolidados que generen mejoras de resultados de manera continua”, dice. Y agrega: “me refiero a buenos resultados que tienen que ver con que los estudiantes aprendan felices, que sientan que la escuela es un espacio educativo que les da oportunidades para el desarrollo de una vida futura y que también responda a las expectativas nacionales a través de las mediciones formales que tiene el sistema como la prueba SIMCE”.

Para conseguir estos resultados, desde el segundo semestre de 2017 la escuela cuenta con el respaldo de SQM, quienes a través de la Corporación Crea+ apoya los procesos de aprendizaje de los estudiantes y el desarrollo profesional de los profesores. “Llevamos 10 años trabajando sostenidamente en terreno en distintas escuelas de las regiones de Tarapacá y Antofagasta para que niños y jóvenes puedan desarrollarse en la medida de su voluntad y no de su realidad. Estamos muy contentos de haber incorporado el año pasado a la Escuela Arturo Pérez Canto de María Elena dentro de este trabajo y estamos seguro, como ya lo estamos viendo, de que entre todos cosecharemos importantes resultados”, dice Pablo Pisani, Gerente de Sustentabilidad de SQM.

Para Nelson Madrid los primeros dos años fueron de acomodos de un nuevos sistemas y procesos pedagógicos que había que instalar y de rutinas escolares que no existían y que había que implementar. “Fue clave motivar a los profesores transmitiéndoles que el sueño se puede hacer realidad independiente de la localidad donde estés y que todos los alumnos tienen la oportunidad de aprender”, dice mientras camina por el patio principal de la escuela.

Para Nelson Madrid las proyecciones del establecimiento, desde el punto de vista académico, son estar por sobre la media nacional, es decir, “estar por sobre los 270 puntos, cuestión que ya está logrado en los 4tos básicos”. La tarea pendiente, sin embargo, “es superar la deficiencia de resultados que tenemos a nivel de segundo ciclo, por lo menos llegar a los 260 puntos como promedio”, dice el director.

Entre sus metas está que la gestión escolar quede instalada y funcione independiente del director que venga luego, pero sobre todo, “que el deseo que tienen los profesionales con los cuales hoy trabajo, de alcanzar grandes expectativas con sus estudiantes, se mantenga y se fortalezca”, afirma. Entre las principales dificultades para conseguir estas metas, dice, está el “tratar de convencer a los apoderados de que no por estar en esta localidad los niños no pueden tener los mismos sueños que los niños de la ciudad”.

Nelson Madrid destaca el apoyo que han recibido de la corporación Crea+. “La llegada de la Corporación a nuestros procesos pedagógicos en el área de matemática fue fundamental. Era una necesidad imperiosa que nosotros teníamos de poder resolver, no solo desde una capacitación profesional, sino que desde un acompañamiento y una asesoría con estructura de un material pedagógicamente bien organizado que permite ver y detectar donde están los núcleos fuertes y débiles”.

Marta Echeverría tiene 34 años, es profesora de ciencias en 6º básico y está a cargo de la Unidad Técnica Pedagógica de primer ciclo de la escuela. Ella nació en María Elena y toda su familia es y vive en este lugar. “Yo trabajé primero en un colegio particular de Antofagasta pero no resistí estar lejos de mi pampa”, dice hoy desde el patio de la misma escuela donde ella estudió y donde también actualmente estudian sus dos únicos hijos. “Sentía que yo podía dar más, pero más donde yo nací y me crie. Por eso me devolví. Eso hace 11 años atrás cuando comencé con cursos de de 1º a 4º básico”, cuenta emocionada.

Marta Echeverría está muy alineada con los desafíos del director y afirma que se la juega día a día para que la escuela Arturo Pérez Canto vaya evolucionando. “Y siento que hemos evolucionado del cielo a la tierra en materia pedagógica. Esto tiene que ver con un trabajo en equipo. Profesores y equipo directivo”, expresa antes de agregar que hay una frase que identifica a todos los profesores de la escuela y que es la siguiente: “maestro es sobre todo quien sabe, enseña y ama su trabajo. El que quiere ser profesor porque le gusta, lo hace con amor y se la juega porque sus alumnos aprendan y sean integrales”.

Ivannia Leyton es otra profesora de esta escuela. Hace clases a 1º básico y a diferencia de Marta Echeverría ella es nacida en Tal Tal y antes de llegar a María Elena no conocía la pampa. Solo tenía planificado quedarse un año en la zona, pero al poco tiempo se enamoró del lugar, de la escuela y de los estudiantes. “Ahora llevo 11 años viviendo en este lugar y no tengo intenciones de irme”, dice antes de entrar a la sala de clases que es donde más le gusta estar hoy día.

“Mi meta es sacar buenas generaciones y comprometerme al máximo con la escuela hasta que ésta consiga la excelencia”, cuenta. Y agrega: “Quiero que los niños tengan valores y aprendan felices, que sean niños integrales y que les vaya ben en la vida y para eso es fundamental que yo tenga altas expectativas en ellos”.

Ivania dice que una de las cosas que han sido claves en el último tiempo tiene que ver con el apoyo de la Corporación Crea+ porque a partir de sus estrategias los niños se han re encantado con las matemáticas. “Los chicos esperan el día que tienen matemáticas. Ellos vienen con otra disposición, con una una mirada de entretención. Ellos quieren más matemáticas. Y eso es lo que hay que hacer con esta y con todas las asignaturas”, asegura.

Ximena Huerta lleva 27 años haciendo clases en esta escuela, entre párvulo y educadora básica y, desde el año pasado, es la Jefa de la Unidad Técnica Pedagógica. Ella tiene 52 años y al igual que la profesora Marta Echeverría también estudió en este establecimiento, aunque aclara que el edificio era otro. “Hoy es el museo histórico que está frente a la plaza”, precisa. Comenzó en párvulo y luego le tocó hacer un reemplazo porque había déficit de profesores para básica. Entonces se preparó estudiando a través de clases semipresenciales y los fines de semana en Antofagasta hasta que consiguió que en la escuela le permitieran tener al mismo curso desde 1º hasta 8º básico.

“Fue privilegio que tenemos pocos profesores. Recibí a 32 estudiantes en 1º y entregué a 32 en 8º”, dice hoy con un orgullo. Para Ximena Huerta “lo más importante es el cariño porque uno puede tener conocimiento pero ver al niño como niño y ponerse en sus pies, eso es lo hace la diferencia”, dice. Para ella si bien han avanzado mucho en los últimos años en la escuela, aún no se ha podido incorporar el recurso digital en las clases. “Ese es un desafío que tenemos como escuela. Hay profesores que se atreven y otros que no tanto todavía”, dice. Y agrega que lo comprobaron con la Corporación Crea+. “Vino el asesor e hicimos una clase con Tablet y los niños estaban fascinados con la clases. Hay que atreverse a innovar, a cambiar. A los niños les gusta que uno sea innovadora, los niños hoy son así”.

Para Ximena Huerta el apoyo de Crea+ fue súper decidor “porque los asesores fueron capaces de decirnos, esto les está faltando, esto no lo han visto, veamos de qué manera lo pueden incorporar y dar una buena estructura curricular”. En ese sentido destaca el apoyo de los asesores que visitan la escuela y entran al aula. “Cuando vienen ellos para acá es otra cosa. Para ellos nada es imposible y nada está malo, todo es rescatable. Y eso lo han inculcado, hasta el punto que los profesores aquí ya no dicen, eso no lo puedo hacer, sino que buscan la manera de hacerlo, y esos es gracias al programa”.

La jefa de Unidad Técnica Pedagógica confiesa que era reticentes a las Asesorías Técnicas externas a la escuela. “No me gustaban, yo era de las que decían que trabajaban con plata”, pero agrega que con la experiencia que han tenido con Crea+ “me doy cuenta de que no es así, hay un trabajo y una dedicación para que los resultados sean buenos y los niños aprendan bien y eso es impagable”.